Tu linaje femenino

-El problema es mi madre, siempre me dice lo que tengo que hacer, y ayer me vi diciéndole a Sara lo mismo que ella me decía de pequeña. Casi me muero- comentó Estefanía claramente acalorada.

–¡Qué horror!– contestó Noelia. –La mía la semana pasada, me lió una increíble, no sé si es que no me escucha o que empieza ya con el Alzheimer como mi abuela.

Claudette las miró callada, y recordó que ella solía sentirse así, tan solo dos años antes y también acostumbraba a hablar de la misma manera. Se sentía triste recordando esa sensación de frustración, lucha y auto exigencia y verlo en ellas le recordaba aquellos tiempos, nada agradables. Tampoco podía decirles nada, porque entendía perfectamente cómo lo estaban pasando, así que se quedó en silencio, pensando qué podía aportar a aquella conversación.

Al cabo de un rato, se percataron de su ausencia participativa.

-Claudette, ¿te estamos aburriendo con nuestras movidas?

-No, para nada, no es eso– dijo algo nerviosa.

–¿Qué te pasa entonces?

Conocían a Claudette desde el instituto y sabían que la relación con su madre y su hermana no era nada idílica, sin embargo últimamente algo parecía haber cambiado, hablaba con ellas de otra manera y parecía mucho más relajada en su presencia.

–Bueno, ya sabéis que yo hace un tiempo estaba igual que vosotras, pero descubrí un modo de reencontrarme con mi linaje femenino y desde entonces nada volvió a ser como antes.

–Linaje femenino– dijo Estefanía con desprecio. –Eso de revolver todas las tragedias del árbol genealógico, eso no va conmigo.

–¡Qué va! Yo no he hecho nada de eso, respeto mucho todos los caminos pero el mío no va de meter el dedo en la llaga, yo todo lo que he descubierto ha sido bailando.

–Te apuntaste a ballet, para mandarlas a la mierda de puntillas– dijo Noelia entre risas.

–Jajajaja. No, ¿os acordáis que empecé a ir a unas clases de un tipo de danza para perder la tripa después del embarazo? 

–¡Si!- contestaron a coro.

–Pues eran unas danzas como alquímicas y perdí algo más que la tripa, perdí el miedo, la rabia, la inseguridad y mis problemas con las otras mujeres empezando por las de mi familia.

–¿Bailando?- volvieron a decir a la vez como dos gemelas siamesas.

–Sí. Comencé a notar cambios en el cuerpo enseguida, en las reglas y en cómo me encontraba y emocionalmente sobre todo empecé a verme con otros ojos, así que decidí formarme y estoy en ello, voy una vez al mes y os aseguro que me quitaría antes de cualquier cosa que de mi fin de semana de feminidad sagrada.

–Yo lo quiero probar– dijo Estefania – ¿Cuándo es?

–Yo no tengo tiempo ni dinero para esas cosas– dijo Noelia.

–Los nuevos talleres son sólo de dos horas y valen 40€ . Nunca me había imaginado hacer esto con vosotras y… ¿Cuánto tiempo hace que no bailamos las tres? … Quitando alguna boda, ¡desde los tiempos de la universidad por lo menos!- dijo Claudette claramente ilusionada.

Estefanía ya estaba con la agenda en la mano: -¡Dime el día que lo apunto!

–Estoy mirando en la  agenda de la web

–Venga me habéis convencido, pero solo por pasar el día con vosotras– dijo Noelia apuntándose el link de la web en sus notas del móvil.

Si te sientes identificada con alguna de ellas o tienes una amiga que lo esté, etiquétala y uniros a los talleres especiales para mujeres que han dado el paso adelante por ellas y por su linaje femenino.

 

 

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