Nuestros ciclos femeninos

-Estás pálida, Yolanda, ¿te encuentras bien?

-Qué va, me ha venido la regla esta mañana y tengo el cuerpo dado la vuelta, y como encima mi jefa está menopáusica perdida no he tenido valor de decirla que me iba a casa, a ver si pasamos por una farmacia y me dan algo que me quite esta sensación de mierda.

– ¡Qué putada!, las mujeres siempre jodidas por algo, la farmacia de Carmen seguro que está abierta, vamos- dijo Teresa cogiendo a su amiga del brazo.

– Hola chicas, ¿en qué puedo atenderos?

– Necesito algo fuerte para el dolor de regla.

Carmen, dudó un segundo mirando con un ojo a Teresa y con otro a la pantalla del ordenador.

– ¿Es amiga tuya? ¿puedo hablarle de otras cosas?

Teresa asintió con la cabeza.

Carmen se quitó las gafas y miró a Yolanda a los ojos: -Yo te puedo vender todos los meses una caja de analgésicos o de relajantes musculares, para mi negocio es estupendo, o recomendarte algún un remedio natural de los que vendo y que lo pruebes, pero eso no solucionaría el problema, ¿sabes porqué? Porque no tienes un problema.

Yolanda y Teresa la miraron asombradas.

Teresa sabía que Carmen no era una farmacéutica al uso, le gustaba hablar con la gente y vendía remedios naturales, rondaba los sesenta y siempre decía que ella tenía la farmacia para cuidar a la gente no para enfermarla, por eso siempre decía la verdad sobre lo que vendía.

Carmen continuó hablando: – En la antigüedad se sabía que el momento más poderoso de la mujer era precisamente éste, que estábamos conectadas con la luna y nuestras fases nos daban fuerza, pero ahora la mayoría andamos muy desconectadas de lo natural y de nuestra propia naturaleza y por eso nos duele y nos pasa esto, justo lo que te pasa a ti.

Yo conocí a una mujer, Nuur Ydalga, hace más de quince años en Zaragoza, ella era poco más que una chiquilla pero sabía muy bien de lo que hablaba y hacía con el cuerpo maravillas. Después de un par de sesiones con ella me apunté a sus clases, y no he vuelto a tomarme un ibuprofeno.

Yolanda, claramente descolocada, le dijo: -Todo eso está muy bien, pero yo necesito quitarme el dolor ahora.

Carmen sacó de la estantería una caja de pastillas: – Son 4,20€.

Yolanda sacó un billete de 5€ y sonrió aliviada.

Pero sois muy jóvenes y os merecéis otra vida, sacó una tarjeta del bolso: -Nuur sé que hace talleres, mirad en la web, y ya no es solo por la regla, es por todo, por vuestra propia vida y sexualidad, para poder seguirla disfrutando mucho más allá de la menopausia, y sentir ese momento que la sociedad desprecia, con todo el poder que en realidad tiene, aunque creo que ya he hablado demasiado.

Las dos chicas salieron de la farmacia, pensativas y bastante calladas.

Hasta que Yolanda rompió el silencio – ¿Conoces a Carmen desde hace mucho?-

– La verdad es que si,  hace más de diez años, siempre voy a su farmacia porque es una mujer muy sabia y siempre me ha informado bien-

– ¿Crees que debería hacerle caso?

– No es que deberías es que deberíamos, en cuanto suba a la oficina miro la página web que viene en la tarjeta y yo por lo menos me acerco, quiero conocer a esa Nuur.

Si te sientes identificada con alguna de ellas o tienes una amiga que lo esté, etiquétala y uniros esté mes a los talleres especiales para mujeres que han dado el paso adelante para conocer tus ciclos y sus dones.

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