Amándote todo cambia

-Lo que pasa es que no te quieres lo suficiente- Al escuchar estas palabras, Ana se encogió. Cuántas veces había escuchado algo parecido.

Trató de controlar su gesto de enfado con una extraña mueca y empezó a golpear rítmicamente la cucharilla del café. Sabía que Celia tenía buena intención, sabía que era su amiga y solo quería ayudarla pero, ¿cómo se podía querer más a sí misma?

–Es fácil para ti decirlo, pero yo lo he intentado todo y siempre llego al mismo punto. Celia no quería pelear con Ana, ella sabía que a veces las palabras sobran y que los lugares por los que su amiga transitaba, ella misma los había recorrido y no eran fáciles. Pero, ¿cómo dejarla así sabiendo que podía aspirar a una vida diferente?

–¿Has probado a danzarlo?– Ana contuvo un resoplido, eso no se lo habían dicho nunca, pero puede que fuera lo que le faltara por oír.

–No sé si te has fijado que no estoy de humor para danzar- respondió con cierto aire de ironía.

Pero a Celia no le molestó y con una sonrisa le dijo:

–No te propongo que vayamos a la discoteca, o sí… no lo sé. Te propongo que vengas a un taller de dos horas conmigo- Pese a que no estaba especialmente receptiva, el tono de Celia, la invitó a relajarse y decidió escucharla.

–Nuestro cuerpo tiene mucha información, más de la que te imaginas, allí no van a comerte el tarro, ni vas a tener que contar nada que no quieras. Esas danzas vienen de muy antiguo y cambian la información del cuerpo, no te sé decir cómo funcionan pero sé que te sientes cada vez mejor y sin casi darte cuenta empiezas a actuar de otra manera y a confiar en ti misma de otro modo.

–Danzas antiguas, ¿dónde piensas meterme?

–Es donde llevo yendo yo tres años– dijo Celia con tono burlón, mientras jugaba con su piercing de la nariz. –La música y las mujeres son de ahora, pero los movimientos no se inventaron antes de ayer, vienen de una tradición femenina casi perdida, de otros tiempos en los que las mujeres eran más libres que ahora- Algo resonó en el corazón de Ana, no perdía nada por probar aquello, aunque no lo tuviera ni medio claro. Celia había pasado de ser una mujer de naturaleza insegura, a la que parecía demasiado fácil romperle el corazón, a alguien bien distinto… y si echaba la vista atrás su vida había cambiado por completo.

– ¿Cuándo dices que iremos y a dónde?

–Miro en la agenda de la web y te digo día y hora. Yo me encargo de todo, escribo para reservar nuestras plazas, tú sólo tienes que venir con una falda larga de cualquier color.

–Ya me has vuelto a liar, espero que al menos luego me lleves a comer a un sitio que mole.

Si te sientes identificada con alguna de ellas o tienes una amiga que lo esté, etiquétala y uniros  a los talleres especiales para mujeres que han dado el paso adelante de decidir que amándose todo cambia.

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